
L'auca del senyor Esteve (1997-1998)
Santiago Rusiñol
El clásico catalán con el que se inauguró la Sala Gran del Teatre Nacional de Catalunya
«A modo de declaración de intenciones» La primera reflexión que se tiene que hacer un director de escena en aproximarse a un texto como el de L'auca es que el señor Esteve no pertenece a una galería de personajes museísticos, sino que es un individuo que vive entre nosotros -precisamos: que es uno de nosotros- y que, por lo tanto, forma parte sustancial de la estructura económica y política de Barcelona. Conviene no olvidar que L'auca del senyor Esteve es la adaptación teatral de una novela y que, aunque el adaptador haya sido el mismo Rusiñol, el inevitable tráfico de la libertad narrativa a las convenciones escénicas se produce, a veces, con una cierta violencia. No nos encontramos, creo, ante una obra maestra de la literatura dramática, sino ante la feliz translación de un éxito novelístico a las imposiciones de un espectáculo que se ofrece a un público que ha pasado de ser lector a convertirse en espectador [...]. Lo único que el director puede hacer, si quiere sobrevivir, es procurar que ni una cosa ni la otra se noten mucho. Es decir, no «teatralitzar» más de lo que hace falta ni «novelitzar» más de lo que es imprescindible. [...] Una libertad para la cual el director pide clemencia en privado aunque, con absoluta seguridad, nunca piensa pedirla en público. Adolfo Marsillach